domingo, 31 de mayo de 2026

El novio camorrista de Adela

Adela lloraba como no había llorado nunca. Su novio había sido detenido en Madrid un domingo del mes de junio a solo siete días de la boda. No era justo. Ella, que estaba tan enamorada, tendría que decirles a sus invitados que no habría boda.

Pero, ¿por qué no iba a haber boda? se preguntó. En las cárceles hay sacerdotes que dan consuelo a los presos. Bien pueden hacer bodas. Sería cuestión de pedir una visita, hablar con el cura y casarse.

Leonardo era el hombre de su vida. Un hombre cariñoso, trabajador, soñador, sensible. Era el hombre que había deseado desde que era niña y vivía con sus padres en Dos Hermanas, aquella ciudad de la provincia de Sevilla que cada año crecía más en número de habitantes.

Leonardo la llamó. Estaba tranquilo. Adela aprovechó para comentarle su idea de celebrar la boda en la cárcel.
-Cariño, no es necesario. Nos casaremos en la iglesia que me dijiste, en esa iglesia de tu barrio que te trae tan buenos recuerdos. ¡Estoy libre!
-¿Libre?
-Sí, amor. La policía me confundió con mi hermano. Pero ya se arregló el error. 
-Entonces ahora está tu hermano detenido.
-Creo que no. Gustavo está haciendo un curso de publicidad online en Moscú que le sale gratis por ser uno de los espías de Putin.

Adela empezó a pensar si le compensaba casarse con el hombre de su vida. Leonardo tenía una familia que no le parecía la familia ideal como familia política.

Escritora anónima
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