La vecina pasea a la muñeca en una bicicleta rosa. La vecina es una niña de edad indeterminada: parece mayor, parece más niña; pero siempre tiene mucha labia, parezca lo que parezca.
Hoy no habla. Hoy pasea a su muñeca con cara de bebé grandullón y manos realistas.
Silencio.
El tráfico no se detiene.
La vecina pasea a la muñeca por la acera. No mira a nadie ni se mira. Calla.
Lejos, muy lejos, se escuchan los gritos del padre.
La vecina vive con un padre cansado de ser padre de una niña de edad indeterminada. El buen señor la llama. Una y otra vez. Más alto. A gritos.
La vecina calla, pero parece oír, porque toma rumbo en su bicicleta rosa hacia su casa. Llegará en cinco minutos con la muñeca atada a su cintura de niña.
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