El tío, aquel señor bonachón con coloretes rojos, se fue con una rubia alta, hija de la señora que lo cuidaba. La familia anda algo alborotada por este suceso, sobre todo las sobrinas que esperaban hacer caja con la herencia. Vino ayer a contarme sus penas mi prima Pepi.
-Tenemos que estar unidos -me dijo.
-Estamos unidos -asentí.
-Ya he ido a la policía a denunciar y también puse la denuncia en el juzgado de guardia.
Noto que me tiemblan las piernas. La policía y los jueces nunca me han hecho ninguna gracia. Mejor estar apartada de ellos.
- ¿Era necesario? -le pregunto a Pepi.
- ¡Por supuesto! -responde contundente-. Esa rubia alta tiene secuestrado al tío para quitarnos la herencia que nos corresponde.
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